• Muro Llano

¿Cómo la cultura japonesa en nuestro país se ha vuelto popular?

Las políticas del “Cool Japan” y su impacto en el Perú


Valeria Gayoso, estudiante de VII ciclo de Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos


La creciente popularidad de la “cultura japonesa” en el Perú se ha hecho cada vez más visible a través de sus consumidores, en su mayoría jóvenes adultos (no necesariamente nikkei) que se interesan por sus diferentes expresiones, siendo el anime, el manga y la música los más resaltantes. Eventos, tiendas, lugares de encuentro, grupos en las redes sociales, restaurantes, conciertos, entre otros, demuestran que existe un amplio publico receptor y consumidor de esta cultura, quienes admiran su exotismo basado en la conjugación de dos elementos aparentemente contrarios: modernidad y tradición, ¿cómo Japón logró un equilibrio entre dos conceptos opuestos y lo volvió “cool”?


El interés por la “cultura japonesa” tomó relevancia en el Perú alrededor de los años 90, donde la difusión de series animadas, comida y arte cumplieron un rol principal para destacar a aquella cultura oriental con la cual convivimos desde finales del siglo XIX, pero que fue desdeñada bajo un discurso público de rechazo y marginación a los inmigrantes asiáticos: chinos y japoneses. Actualmente, convivimos con los descendientes de esa generación, son 22 mil 534 los que se identifican como nikkei según el último censo de INEI (2017). Pero el consumo y comercialización de esta cultura no se restringe a un público nikkei solamente, sino que se ha diversificado a tal modo que incluye a distintos grupos etarios y socioeconómicos bajo un mismo foco de interés: ¿qué es la cultura japonesa para ellos?


Para entender su popularidad se debe realizar un recuento histórico-político. El impacto que tuvo la cultura japonesa en nuestro país se debió a dos elementos que se desarrollaron paralelamente. En primer lugar, la difusión de la cultura desde el mismo país asiático como una estrategia para recuperar su posición y reputación a nivel mundial (Chort, 2019); y la segunda, el fortalecimiento de las agrupaciones de descendientes japoneses en nuestro país por medio de la creación de la “Asociación Peruano-Japonesa” (APJ, por sus siglas). Ambos factores fueron fundamentales para atraer la atención del público y ofrecer espacios donde reunir a sujetos que compartan los mismos gustos por este país asiático.


Respecto al primer aspecto, Chort (2019), Davalovszky (2009) e Iwabuchi (2002) relacionan la difusión de cultura japonesa al mundo con acciones políticas en un plan donde Japón se convierte en uno de los influyentes culturales que más compitieran con los Estados Unidos. Para explicar esto, se recurre al concepto de “poder blando” esbozado por Joseph Nye Jr. en 1990, que define esta clase de influencia como “el uso de la cultura, los valores políticos y las políticas internacionales para atraer o influenciar - en lugar de coercionar o inducir- el comportamiento de otros.” (Nye 2008, citado en Chort 2019).


Fue de esta manera que, desde el Ministerio de Economía, Industria y Comercio (METI), se impulsó la exportación de cultura pop japonesa al mundo, comenzando primero con los países asiáticos más cercanos, con quienes Japón tuvo una relación marcada por los atroces crímenes de guerra cometidos durante el siglo XX. Asimismo, buscaron reforzar su alcance cultural con las agrupaciones de descendientes nikkei. En el caso peruano, la Asociación Peruano Japonesa (APJ) podría ser uno de sus principales difusores en un espacio como el Centro Cultural Peruano Japonés, el cual sirve como un lugar de encuentro intercultural.


¿Qué tipo de cultura quiere exportar Japón hacia otros países? Japón es un país rico en recursos naturales, gente, historia y arte, en otras palabras, poseía una cultura diversa que compartir con el mundo, pero el dilema era cómo hacerla interesante, competitiva y comercializable. Frente a ello, fue el factor creativo el que resultó el más conveniente para afianzar esta nueva manera de influencia cultural global. Resignificaron las prácticas culturales llamadas “tradicionales” y las exportaron al mundo de manera que todos pudieran entenderlas, pero de manera simplificada. Las políticas del “Cool Japan” implicaron la creación de una marca nacional distintiva (Valaskivi, 2013), la cual crea imaginarios sociales de identificación personal y promulgación de valores modernos.


Todo lo mencionado sitúo a Japón como un icónico difusor cultural. Iwabuchi (2002) en su texto "Soft Nationalism and Narcissism: japanese popular culture goes global", comenta que estas expresiones culturales son las armas diplomáticas con las que los japoneses se introducen en otras sociedades y ejercen presión, por ejemplo, en el ya mencionado caso de Asia, les demuestran que ya no son más aquel país enemigo frente a sus costas, sino que muestran su lado más liberal y humano. Por otro lado, frente a las potencias occidentales, es su mejor manera de mostrar cierto orgullo nacional al ser competencia no solo culturalmente, sino también tecnológicamente. La cultura sirve a fines políticos.


¿Cómo se entiende esto en nuestro país? Madrid y Martínez (2010) en su texto "La ola nipona: consumo de cultura popular japonesa en España" nos dan algunas premisas sobre las que se puede comparar el impacto en el Perú. Para ellos, los productos como anime, manga, música, ropa, etc., consumidos por jóvenes españoles en su mayoría, están situados en una categoría de "cultura de masas" que no profundiza en los pilares fundamentales de la cultura japonesa tradicional más que de una manera superficial. En otras palabras, la cultura popular japonesa que se le vende a los jóvenes no es realmente una muestra de lo que los japoneses consideran parte de su cultura, sino más bien la creación por parte de los japoneses de un “otro japonés-occidental” que se vende al mundo.


Es notable el incremento de jóvenes que cada vez más se acercan no solo a la cultura japonesa, sino que muestran interés por el continente asiático en su conjunto. Las expresiones más famosas son el anime y el manga, que mantienen a adeptos a sus series favoritas. No se puede entonces ignorar como la difusión cultural ha contribuido a la construcción de identidades como, por ejemplo, los denominados “otakus”. Balderrama (2009) considera la existencia de una “cultura juvenil otaku”: una comunidad que mantiene intereses similares, que crea sus propias maneras de estar juntos y otorga significado a sus prácticas y los espacios que comparten. En este contexto, destacan lugares icónicos como el Centro Comercial Arenales Plaza, que se convirtieron en lugares de encuentro para los fanáticos otakus y gamers. Todos estos aspectos deben ser analizados de manera global, pues no solo incluyen un sentido simbólico en sus prácticas, sino que también resalta lo cultural y lo económico.


¿La pandemia del COVID-19 pone en jaque la difusión de la cultura popular japonesa? Sí y no. Efectivamente, obstaculiza la sociabilización de sus fanáticos y consumidores, además que pone en jaque a quienes la comercializan a través de venta de mercancía, restaurantes, lugares temáticos, etc. Pero ha dado pie a que se introduzcan más a fondo en espacios virtuales, tales como sitios de streaming, etc. En Japón, a comienzos de la pandemia el año pasado, se registraron pérdidas millonarias en las casas animadoras que tuvieron que postergar sus producciones (Del Campo, 2020). En otros lugares, grandes festivales y convenciones destinados al anime, manga, y difusión de otros elementos de la cultura popular japonesa, fueron cancelados hasta nuevo aviso. En el Perú, destaca la cancelación del popular festival de verano “Natsumatsuri”, organizado por el Keijiban Kurabu en las instalaciones del colegio “La Unión”, que año a año reunía a cientos de fanáticos en un solo día para disfrutar de comida, talleres, venta de mercancía y conciertos de música japonesa. También destaca el ya mencionado C.C. Arenales Plaza, que durante meses estuvo cerrado por las restricciones de la cuarentena, pero en julio del año pasado regresaron con los negocios que sobrevivieron aquellos meses sin poder abrir al público, con un mensaje que marcó a todos sus visitantes:


“Nosotros no somos Real Plaza, Mega Plaza, El Jockey, o Mall del Sur, es más, ni Arenales Plaza somos, nosotros somos el humilde "Arenitas", el único Centro Comercial en el que te puedes poner orejas de gato y nadie te mirará raro, donde puedes conversar sobre tus personajes favoritos y la gente sabrá de lo qué estás hablando. Nosotros somos tu segunda casa y aquí encajas perfectamente, puedes ser tú mismo, ser diferente y ser respetado por eso (…)”. (Tiendas Arenales Plaza, 7 de julio del 2020)


Como conclusión a este artículo, es notable que las políticas del “Cool Japan” han tenido una influencia directa en la manera en cómo percibimos qué es cultura popular japonesa. Ha creado un nuevo mercado de consumo diversificado de mercancías y experiencias. Por otro lado, no se puede dejar de destacar la agencia que los jóvenes fanáticos de esta cultura realizan a través de sus prácticas sociales. Ciertamente, el “Cool Japan” ha influido en la manera de identificar y conceptualizar qué es y qué no es cultura popular japonesa para aquellos no-japoneses, pero son los diferentes grupos fanáticos receptores, quienes las transforman y las añaden a como rasgos de su identidad como individuos. Otakus, fanáticos del j-pop, académicos, nikkei, estudiantes del idioma japonés; todos entienden la cultura japonesa de manera distinta, pero todos al fin y al cabo la disfrutan y contribuyen a su difusión.



 

Bibliografía:


Chort, F. (2019). Japón y la búsqueda del poder blando: la implementación de la estrategia Cool Japan (Tesina de Grado - Licenciatura en Relaciones Internacionales). Universidad Nacional de Rosario, Argentina.


Iwabuchi, K. (2002). Soft Nationalism and Narcissism: Japanese Popular Culture Goes Global. Asian Studies Reviews, V.26 N°4 (447-449). https://doi.org/10.1080/10357820208713357


Davalovszky, C. (2009). La diplomacia pop: una mirada a la diplomacia cultural japonesa. Real Instituto Elcano. http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/lengua+y+cultura/ari86-2009


Del Campo, L. (21 de marzo de 2020). ¿El coronavirus está afectando a la industria del manga y anime? Diario El Comercio. https://elcomercio.pe/tvmas/television/el-coronavirus-esta-afectando-a-la-industria-del-manga-y-anime-japon-noticia/


Madrid, D., y Martínez, G. (2011). La ola nipona: consumo de cultura popular japonesa en España. Cruce de miradas, relaciones e intercambios, 49-61. https://www.ugr.es/~feiap/ceiap3/ceiap/capitulos/capitulo03.pdf


Redacción RPP (07 de julio del 2020). “El C. C. Arenales reabrió sus puertas al público: “Aquí te puedes poner orejas de gatos y nadie te mirará raro”. RPP. https://rpp.pe/cultura/asiapop/viral-el-c-c-arenales-reabrio-sus-puertas-al-publico-aqui-te-puedes-poner-orejas-de-gatos-y-nadie-te-mirara-raro-noticia-1278395?ref=rpp


Valaskivi, K. (2013) A brand new future? Cool Japan and the social imaginary of the branded nation. Japan Forum, Volumen 25 N°4 (485-504). https://doi.org/10.1080/09555803.2012.756538

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