• Muro Llano

Las comunidades otakus en el contexto de la globalización




Valeria Gayoso, estudiante de VIII ciclo de Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos


La cultura japonesa se ha popularizado en el Perú desde fines de los años 90, a través de la difusión del anime y manga, entre otros productos culturales japoneses. Si bien Japón aún mantiene su exotismo para algunos, con imágenes de una sociedad tecnológicamente avanzada al otro lado del océano; la globalización y la apertura de mercados ha permitido que se pueda dar a conocer y consumir sus productos culturales con más facilidad. En este artículo, me propongo brindar algunas reflexiones sobre como la globalización ha influido en el surgimiento de las comunidades otakus en occidente, y más específicamente en nuestro país.


Definitivamente has escuchado o conoces a alguien que se considere “otaku”. Incluso si muchos han preferido no definirse bajo este término, existe una gran masa de consumidores de la cultura popular japonesa, específicamente del anime y el manga. Las comunidades que se forman a través de estos gustos se han expandido en nuestro país y se hacen visibles no solamente en eventos o locales de compra/venta, también en medios virtuales e incluso en la política. ¿Cómo llegar a entender este fenómeno?


"Los constantes flujos globales involucran a nuestro país en distintas tendencias y le brindan un repertorio de productos culturales a consumir. El gobierno japonés se esforzó para difundir una cultura popular propia que recoja elementos de occidente y los fusione con lo “tradicional japonés”, creando una fusión atractiva de “tradición/modernidad”. Estas acciones, acompañadas con el avance de la globalización, ha permitido que la cultura popular japonesa, con énfasis en el anime y manga, se dé a conocer y sea consumida por más personas que terminan adaptándola o construyendo parte de sus identidades en torno a ella".

La cultura japonesa en la globalización


En primer lugar, si queremos entender el contexto global que fomenta la aparición de estas comunidades, es necesario hablar sobre la globalización y sus efectos. Para Canclini (1995), la globalización ha implicado un cambio sobre la manera de consumir que ha alterado las posibilidades y las formas de ser ciudadano. Ya no existen identidades fijadas en un país/cultura de origen o en repertorios de bienes exclusivos de una comunidad étnica, todo es inestable. Los constantes flujos globales involucran a nuestro país en distintas tendencias y le brindan un repertorio de productos culturales a consumir. En el caso de Japón, se esforzaron por crear una cultura popular que recoja elementos de occidente y los fusione con lo “tradicional japonés”. Estas acciones, acompañadas con el avance de la globalización, ha permitido la cultura popular japonesa se dé a conocer y sea consumida por más personas que terminan adaptándola o construyendo parte de sus identidades en torno a ella.


Además, Appadurai (1996) se suma a la discusión sobre la globalización e identifica que actualmente los diversos flujos de personas, objetos, tecnologías, discursos, etc., no son homogéneos ni congruentes necesariamente. En consecuencia, generan nuevas maneras de entender la realidad. Así, introduce el término de “imaginación”, que vendría a ser las estrategias que las personas pueden usar para acercarse a su otro exótico deseado. En el caso de las comunidades otakus, su otro exótico deseado serían las imágenes que ellos identifican como muestras de la sociedad japonesa en series animadas y otros productos. Estas son exaltadas constantemente como un ejemplo a seguir y replicar en sus propias culturas. Sin embargo, la “imaginación”, también es una herramienta de control por parte de entidades superiores como los estados, mercados y otros intereses particulares.


Globalización y el poder cultural


En el caso de Japón, la “imaginación” como herramienta de control se destaca a través la promoción de las políticas culturales del Cool Japan por parte del estado japonés. Oyama (2019) define el Cool Japan como un discurso sobre la popularidad de la cultura popular japonesa enfocado exclusivamente en la imagen que proyecta al extranjero. La construcción de esta nueva “cultura popular” se ha construido principalmente entorno al manga y anime, que han logrado proyectar la imagen de una nación donde las industrias creativas son tomadas en serio. Estas son apoyadas generosa y agresivamente por el gobierno para aprovechar las oportunidades abiertas por la globalización y digitalización. Por medio de su Ministerio de Relaciones Exteriores, Japón ha buscado reforzar sus lazos diplomáticos con distintos países y afianzarse con las agrupaciones de descendientes nikkei para hacer efectivo su alcance en cada país. En otras palabras, las políticas del Cool Japan se pueden interpretar como una respuesta estatal a las oportunidades y riesgos que trae la globalización.


¿Cuál es el atractivo que ofrece la cultura popular japonesa, y que se refleja en productos como el anime y el manga? Para Iglesias (2012), estos productos reflejan la sustantividad dual del Japón actual: la tradición y la modernidad son los pilares del imaginario pop japonés en todo el mundo, que combina lo atractivo de occidente sin renunciar a los atributos únicos que definen a la cultura japonesa. La cultura popular japonesa, a través de la difusión del anime y el manga, ha logrado reivindicar el papel de Japón como potencia cultural y epicentro de un nuevo desarrollo creativo. Cabe destacar que esta promoción cultural tiene por característica su alcance a un “nivel generacional antes que a un nivel regional concreto” (p.20). Esto quiere decir que el público objetivo son las generaciones más jóvenes de todo el globo, y no únicamente la juventud del país nipón.


Teniendo una visión más clara sobre el proceso de globalización y sus impactos en las maneras en como ciudadanos de todo el mundo conocen y deciden consumir culturas distintas a las suyas, ¿han tenido éxito estas políticas culturales japonesas? La respuesta es sí, y se puede demostrar con el incremento de popularidad de la cultura popular japonesa y sus productos. Centrándonos específicamente en las comunidades otakus, cada vez son más reconocidas no solo por quienes comparten la misma generación, sino incluso por el estado. En Lima, han logrado acentuarse en distintos centros de consumo y expandirse por las redes sociales durante la pandemia.


Por medio de su Ministerio de Relaciones Exteriores, Japón ha buscado reforzar sus lazos diplomáticos con distintos países y afianzarse con las agrupaciones de descendientes nikkei para hacer efectivo su alcance en cada país.

Comunidades otakus


Pero antes de continuar, ¿quiénes son los otakus y como han llegado a formarse en comunidades? Sin más rodeos, los otakus (en su definición occidental actual) son personas que tienen una gran afición por el manga y el anime japonés. En la definición japonesa del término “otaku”, este hace referencia a un aficionado extremo, no exclusivamente del anime y el manga, sino también de otros productos exaltados por la cultura popular como la música idol, los videojuegos, etc.


Para entender más a fondo la particularidad de las comunidades otakus, es necesario introducir otro concepto de Appadurai (2002): las “comunidades imaginarias”. La globalización, descrita como tal, multiplica todas las posibilidades de reapropiación de los signos o de los elementos culturales, sean importados de los grupos dominantes en las sociedades de acogida o venidos de otro lugar. Se trataría de un proceso de reinterpretación y reorganización de la cultura, abierto en principio a todos (y que por eso mismo debería ser muy favorable a la creatividad). Con el caso de las comunidades otakus, esto se traduciría en las maneras como los sujetos interpretan la cultura japonesa y se consideran fanáticos de ella a partir de su consumo o unión a comunidades como los otakus.


Así, los otakus occidentales buscan destacar su particularidad a través de sus gustos por los productos culturales japoneses. Para muchos investigadores del tema, estos colectivos tienen su origen en el surgimiento de la sociedad posmoderna. Selva (2020), por ejemplo, al estudiar a los otakus toma en consideración 3 ejes que los definen: su consumo en la vida social, su desplazamiento hacia la virtualidad y el ausente interés en la política. Se caracterizarían por mantener prácticas propias y únicas, pero limitadas a los eventos multitudinarios como, por ejemplo, cosplay, el softcombat y los concursos de baile de canciones de anime, entre otros.


Álvarez (2016) señala que el consumo fan de los objetos de la cultura de masas aparecen como posibilidad a partir de la cual dotar de significados a la vida, como nueva referencia privilegiada sobre cuya base experimentar constituciones identitarias y comunitarias estables y duraderas, buscar nuevas fijaciones de sentidos, poder autoafirmarse y diferenciarse. De esta manera, estos crearían su identidad social a través de productos como mercancía de sus series favoritas, mangas, libros de arte, disfraces para cosplay, etc.


Los otakus se han vuelto visibles en la sociedad gracias a los múltiples eventos que se organizan en torno a sus gustos como los festivales, convenciones, concursos de cosplay y su continuo interés por la cultura pop japonesa. De esta manera, construyen discursos, otorga nuevos sentidos a sus ideas, sentimientos y crean una nueva forma de relacionarse con el mundo. En el caso de Lima, los medios virtuales han sido uno de los bastiones más fuertes para la propagación de la cultura popular japonesa una vez que los medios tradicionales de comunicación dejaron de ser los únicos difusores posibles. En todas las redes sociales más populares, definitivamente podrás encontrar grupos abiertos o cerrados para quienes comparten estos gustos. Asimismo, cada vez más los otakus se unen a otros colectivos, o se les agrega en grupos más grande como los “frikis”. En ese sentido, ya no se les puede únicamente identificar en medios virtuales, sino que también hacen presencia físicamente en eventos o locales de consumo. Entre los eventos más populares que reúnen a las comunidades otakus (y que comienzan a resurgir tras el fin de las restricciones de la pandemia) están el OtakuFest, FanFest, Friki Festival, Anime Perú Fest, entre otros.


Para Canclini (1995), la globalización ha implicado un cambio sobre la manera de consumir que ha alterado las posibilidades y las formas de ser ciudadano. Los constantes flujos globales involucran a nuestro país en distintas tendencias y le brindan un repertorio de productos culturales a consumir. En el caso de Japón, se esforzaron por crear una cultura popular que recoja elementos de occidente y los fusione con lo “tradicional japonés”. El “Cool Japan” como un discurso sobre la popularidad de la cultura popular japonesa enfocado exclusivamente en la imagen que proyecta al extranjero. La construcción de esta nueva “cultura popular” se ha construido principalmente entorno al manga y anime, que han logrado es proyectar la imagen de una nación donde las industrias creativas son tomadas en serio.

Reflexiones finales


A manera de conclusión, los colectivos otakus nos ayudar a reflexionar sobre los alcances de la globalización. Ellos son parte de una subcultura de la posmodernidad en tanto que forman grupos efímeros e integran individuos diversos. Los otakus se desenvuelven en un contexto de globalización y posmodernismo, donde forman identidades variables, compuestas de múltiples imaginarios, estilos, recursos, y pensamientos. En nuestro país, es indudable el éxito que estos poseen y la cantidad de aficionados que reúnen en distintos locales. Si bien la pandemia bloqueó la posibilidad de la interacción física y aumentó el flujo de intercambio de fans en medios virtuales, el fin de las restricciones parece volver a llamar a las comunidades otakus a expresarse en fuera de casa. Un aspecto sumamente interesante a investigar, y que queda pendiente en este artículo, es la inclusión de estos colectivos en la política peruana. Por definición, las comunidades otakus son apolíticas y sin ideología. Sin embargo, en las últimas elecciones se les identifico como un grupo votante de interés e incluso desde el estado peruano se aprecia la inclusión de la cultura japonesa en sus intentos por llamar la atención de la juventud.


El gobierno japonés se abrió al mundo para reinventar su cultura popular y volverla atractiva para todo el mundo, al integrar elementos de la cultura occidental, pero sin perder la particularidad de lo japonés. Si bien esta apuesta cultural ha tenido un impacto positivo al expandir la popularidad del anime y manga japonés, no podemos dejar de tomar en cuenta los intereses políticos detrás de esta difusión de cultura. Quedaría como tarea entonces fomentar un consumo consciente de estos productos japoneses y seguir analizando cómo los sujetos transforman aquel otro exótico japonés en parte de su vida social.



 

Biblioteca


Álvarez, F. (2016). La cultura otaku y el consumo fan de manga-animé en Argentina: entre el posmodernismo y la convergencia. Universidade do Vale do Itajaí; Vozes e Diálogo 15 (1), 24-36.


Appadurai, A. (1996). Modernity at large: Cultural dimensions of globalization. (ACLS Humanities E-Book.)


Appadurai, A. (2002). La globalización y la imaginación. En: Revista internacional de Ciencias Sociales, 160, pp. 229-238.


García Canclini, N. (1995). Consumidores y ciudadanos: Conflictos multiculturales de la globalización. Madrid, España.


Iglesias, J. A. S. (2012). Generación manga. Auge global del imaginario manga-anime y su repercusión en España. Puertas a la lectura, (24), 10-27.Salazar, Y. Y. (2016). El camino hacia una política de promoción cultural en el Japón contemporáneo y los inicios de una campaña de fortalecimiento de la identidad nacional. Universidad de Guadalajara.


Iwabuchi, K. (2002). Soft Nationalism and Narcissism: Japanese Popular Culture Goes Global. Asian Studies Reviews, 427-449.


Oyama, S. (2019). In the Closet: Japanese Creative Industries and their Reluctance to Forge Global and Transnational Linkages in ASEAN and East Asia. Economic Research Institute for ASEAN and East Asia. 1-25.


Selva, R. (2020). Los otakus de Barcelona y su (auto)identificación. Aproximación etnográfica a una subcultura de la posmodernidad. 1-30.






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