• Micaela Bazalar

Una lucha sin treguas: Reflexiones sobre el trabajo doméstico y su impacto en la vida de las mujeres



Micaela Bazalar - Estudiante de Sociología en la Pontificia Universidad Católica del Perú


Vivir en sociedad implica aceptaciones, tolerancias y compromisos, y también responsabilidades con el otro. Estas responsabilidades, muchas veces, se traducen en cuidados que encuentran su principal vía de materialización en el trabajo doméstico y sus dimensiones emocionales, políticas y otras que también están presentes. En ese sentido, a pesar de significar una fuente de empleo para millones de personas, llegando a constituir el 4% de la fuerza de trabajo a nivel mundial (OIT, 2016) y de su contribución al bienestar económico y social, el trabajo doméstico ha sido sistemáticamente olvidado e invisibilizado. Así, las personas que realizan trabajo doméstico -en su mayoría, mujeres- enfrentan altos niveles de discriminación incluso a nivel institucional, al estar fuera del alcance de la cobertura de los sistemas de seguridad social (OIT, 2016).


El trabajo doméstico abarca dimensiones emocionales, políticas, y otras que son invisibilizadas al no reivindicar esta labor a través de remuneraciones adecuadas y un correcto abordaje de las condiciones en las que se lleva a cabo.

La OCDE (1995) define el trabajo doméstico como “la producción de bienes y servicios dentro del hogar, como resultado de la combinación del trabajo no remunerado y de la adquisición en el mercado de bienes duraderos y no duraderos”. Cabe preguntarse por qué es que una labor tan crucial para la vida en sociedad es tan poco reconocida y, probablemente, la respuesta a esto se halle en las variables que se cruzan para darle origen, como la de clase y la de género. El trabajo doméstico consiste en una serie de actividades que normalmente son designadas a las mujeres, quienes representan el 80% del total de personas que llevan a cabo estas tareas (OIT, 2016). En ese sentido, su distribución está sesgada por factores sociales, políticos y culturales que confluyen dentro de la sociedad, y que contribuyen con narrativas que propician su invisibilización bajo la categorización de estas tareas como parte del rol “natural” de las mujeres (Peña y Uribe, 2013).


Uno de los argumentos más comunes para los bajos salarios y la falta de protección a las trabajadoras domésticas radica en la no generación de beneficios directos para los empleadores (citado en OIT, 2016). Sin embargo, el trabajo doméstico produce un valor social que no merece ser pasado por alto. El trabajo doméstico incorpora actividades como aquellas vinculadas a los alimentos, limpieza, mantenimiento de la ropa, cuidado de niños, y otras que se vinculan con la conservación del patrimonio del hogar (citado en Beltrán, 2003). Esta serie de actividades permiten la producción de bienes que son útiles para la subsistencia del hogar, y propician una reproducción de la fuerza laboral que implica un costo que, de otra forma, sería asumido por empleadores, el Estado u otros actores (Puyana, 2007). Produciendo una riqueza que no se traduce necesariamente en una ganancia directa dentro de la configuración capitalista, sino que toma otra forma social.


A pesar de la reconfiguración de las dinámicas familiares producto del contexto de aislamiento social, no ha existido una distribución más equitativa de estas labores en el hogar. En ese sentido, es necesario aprovechar el aumento de la presencia masculina en los hogares para des-feminizar el trabajo doméstico y llevar la discusión al espacio público con más fuerza.

Ahora bien, el contexto actual de crisis sanitaria ha implicado, naturalmente, un aumento en la demanda implícita de cuidados respecto a la salud y la limpieza, generando rupturas y renegociaciones, y reconfigurado las dinámicas y relaciones familiares en las que se inscribe el trabajo doméstico. De la misma forma, las políticas a nivel gubernamental y las medidas de aislamiento han intensificado las relaciones asimétricas existentes en los hogares y en la distribución de la labor doméstica. Sin embargo, a pesar de la mayor presencia masculina en los hogares y de una creciente inserción de las mujeres en el mercado laboral, esto no ha ido de la mano con una reconfiguración significativa de la distribución de las tareas domésticas entre hombres y mujeres dentro del hogar, y no ha conducido a dinámicas más equitativas en torno a esta labor, ya que su desempeño sigue recayendo en las mujeres (González, 2009).


Una muestra de lo mencionado anteriormente es que, por ejemplo, en el caso de Perú, el tiempo que las mujeres dedican a las labores de cuidado ha aumentado a aproximadamente nueve horas y media, frente a las seis horas que le dedican los hombres, pese a que tienen una mayor presencia en el hogar (Bueno, 2020). Así, no podemos hablar de cambios hacia la equitatividad en las configuraciones y los acuerdos respecto al desempeño de determinados roles en los hogares; todo lo contrario, el impacto que ha tenido la pandemia ha ocasionado un incremento en el tiempo dedicado a las labores domésticas por parte de las mujeres en 4.1 horas diarias más que el tiempo que normalmente se les brindaba (MIMP, 2020).


El trabajo doméstico es, como ya ha sido mencionado previamente, una actividad realizada predominantemente por mujeres, exponiéndolas así a condiciones de discriminación, precarización y vulnerabilidad social y económica. En el caso peruano, las mujeres se convierten en trabajadoras no remuneradas del hogar desde los 12 años (Defensoría del Pueblo, 2019), generando un impacto en su ciclo de vida, limitando sus oportunidades de acceso a educación y crecimiento profesional, y agravando los ciclos de desigualdad y las relaciones de poder y dependencia -especialmente económica- entre hombres y mujeres. En ese sentido, la lucha por la reivindicación del trabajo doméstico y de las dimensiones que abarca, así como las demandas por una mayor cobertura de la protección social existente, se vuelven banderas fundamentales en la lucha constante a favor de la igualdad de género (OIT, 2016).


Las mujeres constituyen el 80% del total de personas encargadas de la realización del trabajo doméstico dentro de sus hogares.

Finalmente, es fundamental reconocer también como una tarea pendiente la reivindicación del salario doméstico y valorar la labor doméstica como una tarea que merece una remuneración económica apropiada. Esta remuneración debe ser comprensiva tanto del valor social de la labor en sí como del nivel de sacrificio de los cuerpos como fuerza de trabajo en aras de la satisfacción de necesidades emocionales fundamentales para la reproducción social. Asimismo, debe ir acompañada de un correcto abordaje de la situación del trabajo doméstico desde la formulación de políticas públicas que permitan mitigar las condiciones en las que las mujeres ejercen esta labor. Sin embargo, a su vez, debemos entender que este es un problema estructural y endémico, que se sostiene en la discriminación, y cuya solución intentada únicamente desde lo formal jamás será suficiente.


El contexto de crisis sanitaria nos ha recolocado en el ámbito privado, y es a través de distintas formas de acción política y reivindicación que podremos visibilizar una problemática que ha sido sistemáticamente relegada al territorio doméstico. Seguir viendo al trabajo doméstico como un problema “puertas adentro” obstruye el cuestionamiento, y hace que se propicien y legitimen algunas de las más profundas relaciones de dependencia y desigualdad, ocultando bajo narrativas de amor, sacrificio y cuidados una jerarquización social muchas veces nociva para el desarrollo y la autonomía de las mujeres. Es necesario pensar en el trabajo doméstico no como un problema individual donde cada mujer “se las arregla como puede”, sino como una responsabilidad pública y colectiva que exige respuestas de la misma naturaleza. Solo de esta forma, y adoptando una perspectiva que tome en cuenta la multiplicidad de desigualdades que se cruzan y reproducen una jerarquía social, lograremos avanzar hacia la plena inclusión de las mujeres, y podremos ponerle fin a una historia de constante lucha frente a la violencia, la indiferencia y el olvido.

 

Bibliografía


Beltrán, E. P. (2003). Mujeres, trabajo doméstico y relaciones de género: Reflexiones a propósito de la lucha de las trabajadoras bolivianas. M. León T.(comp.): Mujeres y trabajo: cambios impostergables. Porto Alegre: Veraz Comunicação. http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20101012022000/7pereda.pdf


Bueno, K. (17 de julio de 2020). La economía del cuidado en la pandemia: repercusiones en la vida de las mujeres. Noticias SER. http://www.noticiasser.pe/opinion/la-economia-del-cuidado-en-la-pandemia-repercusiones-en-la-vida-de-las-mujeres


Defensoría del Pueblo (2020). Sobrecarga de labores en las mujeres durante la cuarentena por la emergencia sanitaria. Adjuntía para los derechos de la mujer: Documento de trabajo Nº002-2020-DP/ADM. https://www.defensoria.gob.pe/wp-content/uploads/2020/07/Documento-de-trabajo-N-002-2020-DPADM-Sobrecarga-de-labores-en-las-mujeres-durante-la-cuarentena-por-la-emergencia-sanitaria.pdf


Defensoría del Pueblo (2019). El impacto económico del trabajo doméstico no remunerado y de cuidados en el desarrollo de las mujeres (Documento de trabajo Nº004-2019-DP/ADM). https://www.defensoria.gob.pe/deunavezportodas/wp-content/uploads/2019/11/Trabajo-domestico-no-remunerado-2019-DP.pdf


Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (2020). Encuesta sobre percepciones y actitudes de mujeres y hombres frente al aislamiento social obligatorio a consecuencia del COVID-19. https://observatorioviolencia.pe/wp-content/uploads/2020/07/Encuesta_sobre_percepciones_y_actitudes_COVID-19.pdf


Organización Internacional del Trabajo (2016). Protección social del trabajo doméstico: Tendencias y estadísticas. Ginebra. https://www.usp2030.org/gimi/RessourcePDF.action?ressource.ressourceId=53512


Peña, X. & Uribe, C. (2013). Economía del cuidado: valoración y visibilización del trabajo no remunerado”. Documentos CEDE, Universidad de los Andes, Bogotá, pp. 7-40.


Puyana, Y. (2007). El familismo: una crítica desde la perspectiva de género y el feminismo. Familias, cambios y estrategias, 262-278.


Rizzo, N. (2012). Un análisis sobre la reproducción social como proceso significativo y como proceso desigual. Sociológica (México), 27(77), 281-297. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0187-01732012000300009&lng=iso&tlng=es.

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